Hechos 7:8 contiene una referencia muy importante en boca de Esteban: Elohim dio a Avraham “el pacto de circuncisión”. Esa expresión no es accidental. Muestra que, en el discurso del primer siglo, la circuncisión seguía siendo reconocida en relación directa con el pacto dado a Avraham. El texto no habla de una costumbre étnica menor ni de una práctica cultural ya vaciada de significado. La liga explícitamente al pacto.
Esto importa porque aparece en un contexto posterior a la resurrección y ascensión de Yeshua. Si ya existiera una abolición reconocida y clara de la circuncisión como señal pactual, sería extraño que Esteban la mencionara de esta manera sin aclaración, corrección o distanciamiento. Pero no hace eso. La referencia es directa, simple y positiva en cuanto a su ubicación dentro de la historia de los patriarcas.
Este versículo no resuelve por sí solo todas las preguntas del debate, pero sí fija una base importante para Hechos: el libro no comienza tratando la circuncisión como reliquia desacreditada. La reconoce todavía como ligada al pacto de Avraham. Esa observación debe mantenerse presente al llegar al caso de Cornelio y, más adelante, al concilio de Yerushalayim.
El caso de Cornelio en Hechos 10–11 marca un punto decisivo en la cuestión de los goyim. Cornelio es presentado como hombre temeroso de Elohim, piadoso, generoso y atento a la oración. Sin embargo, sigue siendo goy. Cuando Kefa entra en escena, la novedad central del relato no es que la circuncisión haya sido abolida, sino que Elohim derrama el Ruaj haQadosh sobre goyim antes de que estos hayan pasado por una incorporación formal al marco visible que muchos esperaban.
Ese es el golpe principal del pasaje. Elohim da testimonio a los goyim sin exigir como condición previa la circuncisión. Esto rompe una barrera importante en la percepción de muchos dentro del pueblo y obliga a reconocer que Yahweh no hace acepción de personas, sino que recibe a quien le teme y obra justicia. El relato, por tanto, sí altera el modo en que debe entenderse la entrada inicial del goy.
Ahora bien, debe mantenerse la precisión. El texto muestra derramamiento del Ruaj antes de circuncisión, pero no dice explícitamente que la señal del pacto haya sido abolida. Muestra acceso inicial, aceptación divina y derribo de barreras indebidas entre Yehudím y goyim. Eso es mucho, pero no es idéntico a una declaración formal de cancelación del pacto de circuncisión.
Hechos 10–11 muestra con claridad varias cosas. Muestra que un goy puede ser recibido por Elohim antes de circuncidarse. Muestra que el Ruaj puede ser derramado sobre goyim sin que estos pasen primero por una incorporación formal como condición de aceptación inicial. Muestra también que la separación rígida que muchos mantenían respecto al trato con goyim debía ser corregida.
Pero el pasaje no muestra otras cosas que a veces se le atribuyen. No muestra que Bereshit 17 haya quedado revocado. No contiene una declaración explícita de abolición de la circuncisión. No afirma que la señal pactual ya carezca de valor o de lugar en todo sentido. Tampoco dice que, a partir de Cornelio, el tema de la circuncisión haya quedado resuelto definitivamente en forma de irrelevancia.
Esto debe decirse con claridad porque muchas lecturas cargan el relato con más de lo que el texto da. Hechos 10–11 es decisivo para mostrar que la entrada inicial del goy no depende de circuncisión previa como condición para recibir el Ruaj. Pero eso no equivale automáticamente a decir que el pacto de circuncisión quedó abolido. El texto prueba una cosa; no prueba necesariamente la otra.
El caso de Cornelio obliga a distinguir entre dos asuntos que muchas veces se mezclan: la entrada inicial del goy y la señal pactual. Hechos 10–11 trata con claridad el primer punto. Elohim recibe al goy antes de la circuncisión. La fe y el derramamiento del Ruaj muestran que la entrada inicial no está bloqueada por la falta de la señal en ese momento.
Eso corrige una idea equivocada: que el goy debe circuncidarse primero para poder ser escuchado, aceptado o visitado por Elohim. El relato destruye esa pretensión. Pero no por eso responde exhaustivamente a toda la cuestión de la señal pactual. El hecho de que la aceptación inicial ocurra antes de la circuncisión no dice todavía, por sí solo, qué lugar ocupa la señal en el proceso más amplio de incorporación o en la lectura total del pacto de Avraham.
Aquí es donde la disciplina textual se vuelve indispensable. Una cosa es afirmar con base en Hechos 10–11 que la circuncisión no es requisito previo para que el goy reciba el Ruaj. Otra distinta es afirmar que la señal pactual ha sido anulada en todo sentido. La primera conclusión brota del relato. La segunda requiere más trabajo y no puede ser introducida de contrabando.
Conviene cerrar este capítulo distinguiendo con cuidado entre texto explícito e inferencia. Texto explícito: Cornelio es goy; Elohim lo oye; Kefa es enviado a su casa; el Ruaj haQadosh cae sobre él y sobre los que oyen la palabra; los creyentes de la circuncisión se sorprenden; Kefa concluye que no se puede negar el agua del bautismo a quienes recibieron el Ruaj como ellos. Eso el texto lo dice directamente.
Inferencia razonable: el relato demuestra que la circuncisión no era condición previa para la aceptación inicial del goy ni para el derramamiento del Ruaj. Esa inferencia es fuerte y legítima porque responde al movimiento del pasaje mismo.
Lo que no debe afirmarse como si fuera texto explícito: que Cornelio nunca tendría relación alguna con la señal pactual en ningún sentido posterior; que Hechos 10–11 cancela formalmente Bereshit 17; o que el debate sobre circuncisión quedó resuelto de manera total antes del concilio. El capítulo no dice eso de forma directa. Si alguien quiere sostener algo así, tendrá que hacerlo como construcción posterior, no como contenido literal del relato.
La conclusión sobria de este capítulo es, por tanto, esta: Hechos 7:8 sigue reconociendo la circuncisión como pacto ligado a Avraham, y el caso de Cornelio demuestra que el goy puede ser recibido por Elohim y recibir el Ruaj antes de la circuncisión. Eso corrige la exigencia de una circuncisión previa como requisito de aceptación inicial. Pero todavía no equivale, por sí solo, a una abolición textual de la señal del pacto.