Colosenses 2 es uno de los textos más usados para afirmar que las fiestas, el Shabbat y el calendario de Yahweh quedaron abolidos. Pero esa lectura no sale del texto con naturalidad. Shaul dice: “nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a fiesta, jodesh o Shabbat”. El punto central no es que esas cosas hayan sido anuladas, sino que los creyentes no deben quedar sometidos al juicio de otros en relación con ellas.
La secuencia “fiesta, jodesh, Shabbat” reproduce el lenguaje bíblico del calendario santo. Precisamente por eso el texto no debe leerse como si Shaul estuviera despreciando lo que la Torá estableció. Más bien habla de la manera en que la comunidad debía situarse frente a juicios humanos, ascetismos y filosofías que pretendían someterla.
Además, el pasaje está rodeado de lenguaje sobre mandamientos y doctrinas de hombres, apariencia de sabiduría y culto voluntario. El problema del contexto no son los moedim de Yahweh, sino sistemas humanos que juzgan, imponen y desvían. Por eso, usar Colosenses 2 para abolir las fiestas invierte la dirección del texto. Shaul no está destruyendo el calendario de Yahweh; está protegiendo a la comunidad del juicio humano en torno a esas cosas.
Romanos 14 también suele usarse para decir que los días ya no importan y que cada uno puede tratar cualquier día como equivalente. Pero esa lectura va más allá de lo que el capítulo realmente discute. El contexto de Romanos 14 gira en torno a disputas por alimentos, escrúpulos de conciencia y asuntos discutibles dentro de la comunidad. No aparece allí una exposición formal de los moedim de Vayikrá 23.
Cuando Shaul dice que uno hace diferencia entre día y día y otro juzga iguales todos los días, el pasaje no define de forma explícita que esté hablando de Shabbat, Pesaj, Shavuot o Sukkot. Leerlo así como si fuera una abolición directa de los tiempos señalados de Yahweh es introducir una conclusión que el texto no formula.
Además, Romanos 14 trata con tolerancia comunitaria en asuntos donde había diferencias de conciencia, no con cancelación de mandamientos de la Torá. Si el capítulo estuviera anulando Shabbat y fiestas, sería extraño que lo hiciera de forma tan indirecta y sin ninguna discusión seria sobre textos tan centrales como Bereshit 2, Shemot 20 o Vayikrá 23. Esa lectura no es sobria. Es una deducción impuesta.
Gálatas 4 es otro pasaje usado contra las fiestas, especialmente cuando Shaul dice: “guardáis los días, los meses, los tiempos y los años”. Muchos toman esa frase como si fuera condena automática del calendario de Yahweh. Pero el contexto no apunta allí de forma simple. Shaul está reprendiendo a los gálatas por volver a esclavitud y a “rudimentos” con los que antes estaban ligados, dentro de un contexto de dependencia equivocada y de justificación torcida.
El problema del pasaje no es obedecer a Yahweh, sino someterse a un sistema que los pone otra vez en esclavitud. La pregunta correcta no es solo qué palabras usa Shaul, sino de qué retorno está hablando y por qué lo ve como retroceso. Leer Gálatas 4 como condena del calendario de Yahweh sin más es ignorar que la Torá misma no puede ser tratada como paganismo o como esclavitud elemental en ese sentido.
Si Shaul estuviera condenando de manera simple los días, meses, tiempos y años de la Torá, entraría en conflicto frontal con el calendario dado por Yahweh. Pero esa lectura falla precisamente porque parte de la idea de que toda observancia temporal es legalismo o esclavitud. Eso no lo enseña la Torá. Por eso, Gálatas 4 debe leerse como crítica a una forma torcida de dependencia religiosa, no como abolición automática de los moedim.
El problema de fondo en estos tres pasajes es metodológico. Se leen textos apostólicos como si tuvieran derecho a negar de forma indirecta lo que Yahweh estableció de forma directa. Eso invierte el orden correcto. La Torá define los tiempos santos. Si alguien quiere sostener que fueron abolidos, debe probarlo con una claridad extraordinaria. No basta una interpretación apresurada de pasajes contextualmente complejos.
Leer contra Torá produce varios errores a la vez. Convierte textos pastorales en decretos abolicionistas. Toma advertencias contra juicio humano, escrúpulos comunitarios o esclavitud religiosa torcida y las transforma en ataque contra Shabbat, jodesh y moedim. Y al hacer eso, termina llamando “superado” a lo que Yahweh nunca llamó superado.
La regla debe mantenerse firme: ningún texto del Brit Hadashá debe leerse de modo que destruya sin prueba suficiente lo que Yahweh ya estableció en la Torá. Si una lectura llega a esa conclusión, lo primero que debe revisarse es la lectura, no la Torá.
La evaluación sobria y textual de estos pasajes lleva a una conclusión clara. Colosenses 2 no abole fiestas, jodesh ni Shabbat; trata del juicio humano y de sistemas ascéticos que pretendían imponerse sobre la comunidad. Romanos 14 no redefine formalmente los moedim de Yahweh; trata con diferencias de conciencia en asuntos discutidos entre creyentes. Gálatas 4 no condena sin más el calendario de la Torá; reprende un retorno a esclavitud religiosa mal entendida. Por eso, estos textos no deben usarse como armas contra las fiestas de Yahweh. Pueden y deben ser leídos dentro de su contexto, pero no como pretexto para decir que Yahweh abolió Sus tiempos señalados. Esa conclusión no está probada por el texto. Se le añade desde una teología posterior.
La conclusión del capítulo es firme: los pasajes más usados para abolir fiestas están mal leídos cuando se los vuelve contra la Torá. Una lectura textual, sobria y coherente muestra que el problema en ellos no son los moedim de Yahweh, sino el juicio humano, la esclavitud religiosa torcida y la lectura que rompe con la base que Yahweh ya había dado.