Hechos 15 es probablemente el texto más citado para afirmar que la circuncisión fue abolida. Pero cuando se lo lee en su propio flujo, el problema explícito del capítulo no es una abolición general del pacto de circuncisión, sino la exigencia de circuncidarse “para ser salvos”. Ese es el punto de partida del relato, y debe gobernar todo el pasaje.
El concilio rechaza esa imposición. Declara que no se debe molestar a los goyim que se vuelven a Elohim con una carga de incorporación salvífica inmediata, y les da cuatro exigencias iniciales. Además, el pasaje mantiene el dato de que Moshé sigue siendo leído cada Shabbat en las sinagogas. Esto muestra que el horizonte comunitario del capítulo no es uno de ruptura simple con la Torá, sino de regulación correcta de la entrada de los goyim.
Por tanto, Hechos 15 sí prueba que la circuncisión no debe imponerse a los goyim como requisito de salvación. Lo que no prueba por sí solo es que Bereshit 17 haya sido abolido. El texto corta una exigencia indebida; no formula una revocación expresa del pacto de circuncisión.
Romanos 4 es otro texto central en este debate. Allí Shaúl enseña que Avraham fue justificado por la fe antes de recibir la circuncisión, y que luego recibió la circuncisión como señal y sello de la justicia de la fe que ya tenía. Esto es devastador contra cualquier intento de presentar la circuncisión como causa de justificación.
Ese es precisamente el punto del capítulo: la justicia no procede de la señal. Avraham puede ser padre de todos los que creen porque su justificación no dependió del acto de circuncidarse. Romanos 4, por tanto, destruye la idea de que la señal produzca justicia delante de Elohim.
Pero el mismo texto sigue llamando a la circuncisión señal y sello. Esto importa mucho. Romanos 4 niega que la circuncisión justifique; no niega que tenga función pactual real. Si alguien usa el capítulo para probar abolición total, tendrá que explicar por qué Shaúl conserva ese lenguaje positivo en vez de declarar simplemente que la señal fue revocada. El texto no hace eso.
1 Corintios 7:18–19 contiene la frase: “¿Fue llamado alguno en incircuncisión? no se circuncide... La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino guardar los mandamientos de Elohim”. Este pasaje tiene fuerza real y no debe ser suavizado. Shaúl sí está diciendo que el estado visible no debe convertirse en centro del llamado.
Sin embargo, el contexto del capítulo muestra que está hablando de condiciones externas dentro de una lógica más amplia: matrimonio, esclavitud, libertad y situación personal. La preocupación del apóstol no es exponer toda la teología de la circuncisión, sino corregir la ansiedad por cambiar de condición como si ese cambio externo produjera automáticamente mayor valor espiritual.
Por eso, el pasaje sí prueba que la circuncisión no constituye base de aceptación delante de Elohim y que el centro está en guardar los mandamientos de Elohim. Lo que no prueba por sí solo es una abolición universal del pacto de circuncisión. Convertir una exhortación contextual sobre el llamado en una revocación total es ir más allá del texto.
Gálatas 5 contiene la frase más dura de todas: “si os circuncidáis, Mesías de nada os aprovechará”. Leída fuera de contexto, parece una condena absoluta de toda circuncisión. Pero dentro de la carta, el blanco del ataque es la circuncisión como medio de justificación. Shaúl sigue diciendo que quienes buscan justificarse por la Torá han caído de la gracia. Ese es el eje del pasaje.
Por tanto, la frase no funciona como ley general contra cualquier caso imaginable de circuncisión, sino como advertencia contra el acto de circuncidarse dentro de una lógica teológica falsa: buscar justicia, aceptación o perfeccionamiento delante de Elohim mediante esa señal. En ese contexto, sí, el acto de circuncidarse traiciona la suficiencia del Mesías.
Gálatas 5 prueba, entonces, que la circuncisión usada como vía de justificación es incompatible con la verdad del evangelio. Lo que no prueba automáticamente es que la señal dada a Avraham haya quedado abolida en todo sentido. El texto combate una motivación teológica perversa; no formula una revocación explícita de Bereshit 17.
Colosenses 2:11 habla de una “circuncisión no hecha por manos”, realizada en el Mesías. Este pasaje enfatiza una transformación interior, una remoción de la vieja condición carnal y una participación real en la obra del Mesías. En ese sentido, sí es un texto importante sobre la dimensión interior y espiritual de la circuncisión.
Pero el versículo no dice explícitamente que la circuncisión física haya sido abolida como señal del pacto. Habla de una realidad no hecha por manos; no formula una oposición total del tipo: “antes la hecha por manos, ahora solo la no hecha por manos, quedando la primera revocada”. Esa conclusión suele ser introducida por el lector, no expresada por el texto.
Por eso, Colosenses 2 sí prueba que existe una circuncisión interior en el Mesías. Lo que no prueba por sí solo es la sustitución automática o la abolición formal de la señal en la carne. Esa es una deducción posterior, no una frase literal del pasaje.
Tomados juntos, estos cinco textos sí prueban varias cosas con bastante fuerza. Prueban que la circuncisión no justifica. Prueban que no debe ser impuesta a los goyim como requisito de salvación. Prueban que la señal exterior sin obediencia interior no basta. Prueban que la confianza en la carne es falsa. Prueban también que existe una dimensión interior y mesiánica de la circuncisión que no puede ser ignorada.
Todo eso debe afirmarse sin reservas. Sería deshonesto leer estos textos y concluir que nada dicen contra la justificación por circuncisión, contra la jactancia carnal o contra la imposición indebida a los goyim. Sí dicen eso, y lo dicen con fuerza.
Además, todos estos textos obligan a rechazar una teología de la señal como fuente automática de justicia o como requisito salvador. En esto el testimonio apostólico es consistente. La gracia, la fe y la obra del Mesías no pueden ser subordinadas a una marca externa convertida en condición de aceptación.
Con la misma claridad, estos textos no prueban varias cosas que muchas veces se les atribuyen. No prueban por sí solos que Bereshit 17 haya sido revocado. No prueban que la circuncisión del corazón sustituya automáticamente la señal física en todos los sentidos. No prueban que la Torá haya sido declarada inválida como marco textual. No prueban que toda circuncisión, en cualquier contexto, sea condenada sin excepción. Tampoco prueban que Shaúl enseñara a los Yehudím a dejar de circuncidar a sus hijos.
Lo que hacen estas lecturas suele ser tomar una polémica concreta —contra la justificación por obras, contra la imposición sobre los goyim, contra la jactancia carnal— y convertirla en abolición total de la señal del pacto. Pero ese salto no aparece formulado explícitamente en ninguno de los cinco textos.
Por eso, usar estos pasajes como si fueran equivalentes a una revocación directa de Bereshit 17 es pedirles más de lo que dan. Son textos severos, importantes y correctivos, pero no contienen por sí solos una declaración explícita de abolición.
La razón principal es simple: ninguno de estos textos formula explícitamente que el pacto de circuncisión dado a Avraham haya sido revocado. Todos ellos se mueven en otros ejes: justificación, entrada de los goyim, falsa confianza en la carne, transformación interior, prioridad del Mesías y del corazón sobre la jactancia exterior. Esos ejes son reales. Pero no equivalen automáticamente a abolición del mandamiento original.
Además, Bereshit 17 no introdujo la circuncisión como costumbre menor, sino como señal del pacto dada por Yahweh, proyectada por generaciones y ligada seriamente a la pertenencia pactual. Si alguien quiere afirmar que una señal dada con ese peso fue abolida, la claridad requerida para demostrarlo debe ser proporcional al peso del mandato original. Ninguno de estos cinco textos, leído por sí solo, alcanza ese nivel de explicitud.
La conclusión sobria de este capítulo es, por tanto, esta: Hechos 15, Romanos 4, 1 Corintios 7:18–19, Gálatas 5:2–6 y Colosenses 2:11 son textos decisivos para negar la justificación por circuncisión, la jactancia carnal y la imposición salvadora sobre los goyim. Pero ninguno de ellos demuestra por sí solo una abolición explícita de Bereshit 17. Quien quiera sostener esa abolición tendrá que hacer un trabajo doctrinal adicional y reconocer honestamente que ya no está citando abolición literal, sino construyéndola por inferencia.