Devarim significa “Palabras” y toma su nombre de la forma en que inicia el libro en hebreo. Por eso ese es su nombre. El libro presenta las palabras que Moshé habló a todo Yisrael al otro lado del Yardén, en las llanuras de Moav, poco antes de la entrada en la tierra. No es un nuevo pacto distinto, ni una nueva Torá, sino la reiteración, exposición y aplicación del pacto dado por Yahweh a la nueva generación que está por entrar en la heredad.
Devarim se sitúa al final del camino por el desierto. La generación que salió de Mitsráyim y fue juzgada por su rebeldía ha caído, y ahora está delante de la tierra una nueva generación. Por eso el libro tiene un carácter de testimonio, advertencia, memoria y exhortación. Moshé repasa el camino recorrido, recuerda la rebeldía pasada, señala la fidelidad de Yahweh y llama al pueblo a oír, guardar y hacer todo lo mandado.
Una parte central de Devarim es la repetición y reafirmación del pacto. Moshé recuerda cómo Yahweh habló en Horev, cómo dio Sus mandamientos y cómo Yisrael oyó Su voz. El libro insiste en que el pueblo no debe olvidar lo que vio ni apartarse tras otros elohim. Devarim recalca constantemente que la permanencia en la tierra no depende de fuerza militar ni de mérito propio, sino de la fidelidad de Yahweh y de la obediencia del pueblo a Sus mandamientos.
Devarim también retoma y ordena muchos estatutos, decretos y mandamientos para la vida en la tierra. Trata jueces, testigos, autoridad, reyes, Kohanim, leviyim, profetas, guerra, herencia, matrimonio, divorcio, votos, justicia social, trato al pobre, al extranjero, al huérfano y a la viuda, linderos, primicias, diezmos y varias otras áreas de la vida del pueblo. Así deja claro que la Torá no regula solo el santuario, sino toda la vida de Yisrael en pacto con Yahweh.
Uno de los centros del libro es el llamado a amar a Yahweh con todo el corazón, con toda el nefesh y con todas las fuerzas. Devarim une obediencia, memoria y amor de forma directa. No presenta el mandamiento como una carga abstracta, sino como el camino de vida para el pueblo. Por eso insiste en enseñar estas palabras a los hijos, hablar de ellas en la casa y en el camino, atarlas como señal y escribirlas en los postes y en las puertas. El punto textual es claro: la Torá debía gobernar la vida entera de Yisrael de generación en generación.
Devarim también enfatiza el lugar que Yahweh escogerá para hacer habitar allí Su nombre. Con eso regula el culto y prohíbe que cada uno haga lo que bien le parezca. El libro combate directamente la idolatría, los cultos de las naciones y toda mezcla con prácticas abominables. Reitera que Yisrael debe destruir la idolatría de la tierra y no imitar a los pueblos que Yahweh expulsa de delante de la faz de ellos.
Otro eje central del libro es la bendición y la maldición. Devarim presenta de manera frontal las consecuencias del pacto: bendición si el pueblo oye y obedece, maldición si se aparta y quebranta los mandamientos. El texto no deja espacio para neutralidad. Pone delante de Yisrael la vida y el bien, la muerte y el mal, y llama al pueblo a escoger la vida obedeciendo a Yahweh. Esta estructura de testimonio y decisión domina gran parte del libro.
Devarim también prepara la transición de liderazgo. Moshé sabe que no cruzará el Yardén, y Yahoshúa es afirmado delante del pueblo como quien conducirá a Yisrael a la tierra. El libro incluye además el cántico de Moshé y su bendición final sobre las tribus, cerrando con su muerte. Así, Devarim concluye no con el ingreso mismo, sino con el cierre del ministerio de Moshé y con Yisrael listo para entrar en la heredad bajo la palabra ya dada.
Devarim establece, por tanto, fundamentos decisivos para el resto de la Escritura: la reiteración del pacto, la centralidad de oír y obedecer, la memoria de las obras de Yahweh, la exclusividad de Su adoración, la destrucción de la idolatría, la justicia en la vida comunitaria, la enseñanza de la Torá a los hijos, la bendición y la maldición como marco del pacto, y la preparación para entrar en la tierra. Es el libro de las palabras finales de Moshé, de la renovación del pacto y del llamado total a amar y obedecer a Yahweh.